Portomarín es uno de los lugares más especiales del Camino de Santiago. Situado a orillas del río Miño, en plena provincia de Lugo, esta histórica villa recibe cada día a cientos de peregrinos que recorren el Camino Francés rumbo a Santiago de Compostela. Su impresionante iglesia-fortaleza, su singular historia y el espectacular entorno natural hacen de Portomarín una parada imprescindible para cualquier caminante.
Lo que muchos desconocen es que el pueblo que hoy visitamos no es el original. Bajo las aguas del embalse de Belesar permanece sumergido el antiguo Portomarín, una villa medieval que fue trasladada piedra a piedra en la década de 1960 para preservar su patrimonio histórico. Este extraordinario traslado convierte a Portomarín en uno de los lugares más curiosos y sorprendentes de toda la ruta jacobea.

La historia de Portomarín
Los orígenes de Portomarín están estrechamente ligados al paso del Camino de Santiago. Durante la Edad Media, el puente que cruzaba el río Miño convirtió esta localidad en un enclave estratégico para el tránsito de peregrinos procedentes de toda Europa.
El crecimiento del pueblo estuvo impulsado por las órdenes militares encargadas de proteger el Camino, especialmente la Orden de San Juan de Jerusalén, que construyó la imponente iglesia-fortaleza de San Nicolás y administró un importante hospital de peregrinos.
En 1962, la construcción del embalse de Belesar obligó a trasladar el casco histórico a una cota superior para evitar que desapareciera bajo las aguas. Los principales edificios fueron cuidadosamente desmontados y reconstruidos piedra a piedra, conservando así uno de los conjuntos monumentales más singulares del Camino Francés.
Durante los meses de menor nivel del embalse todavía pueden verse los restos del antiguo puente medieval y algunas edificaciones del viejo Portomarín, un espectáculo que sorprende a visitantes y peregrinos.
Portomarín y el Camino de Santiago
Hablar de Portomarín es hablar del Camino Francés. Desde hace más de mil años, esta villa ha sido lugar de descanso para miles de peregrinos antes de afrontar las últimas etapas hacia Santiago de Compostela.
La etapa entre Sarria y Portomarín es la primera para muchos caminantes que comienzan aquí los últimos 100 kilómetros del Camino de Santiago, por lo que el ambiente peregrino se respira durante todo el día. Terrazas, plazas, alojamientos y restaurantes se llenan de mochilas, bastones e historias compartidas por personas llegadas de todos los rincones del mundo.
Su ubicación junto al río Miño y la tranquilidad del entorno convierten a Portomarín en uno de los finales de etapa más agradables y recordados de toda la peregrinación.
Qué ver en Portomarín
Iglesia de San Nicolás
La Iglesia de San Nicolás, también conocida como Iglesia de San Juan, es el monumento más importante de Portomarín y uno de los grandes símbolos del Camino de Santiago.
Construida entre finales del siglo XII y comienzos del XIII por la Orden de San Juan de Jerusalén, destaca por su impresionante aspecto de fortaleza medieval. Sus gruesos muros, almenas y torres recuerdan que además de templo religioso cumplía una importante función defensiva, protegiendo el puente sobre el Miño y el hospital de peregrinos.
Cuando se construyó el embalse, fue desmontada piedra a piedra y reconstruida en su ubicación actual, convirtiéndose en uno de los mayores ejemplos de conservación patrimonial de Galicia.
Escalinata de Portomarín
Uno de los lugares más fotografiados del pueblo es la gran escalinata que comunica el puente sobre el río Miño con la plaza principal.
Subir sus numerosos peldaños supone para muchos peregrinos la entrada oficial en Portomarín tras completar la etapa desde Sarria, ofreciendo además unas magníficas vistas sobre el embalse y el valle del Miño.

Plaza Conde Fenosa
La Plaza Conde Fenosa constituye el centro neurálgico de la localidad. Rodeada de terrazas, restaurantes y edificios históricos, es el lugar perfecto para descansar después de la etapa y disfrutar del ambiente del Camino Francés.
Aquí se encuentra también la Iglesia de San Nicolás, auténtico corazón monumental de Portomarín.
Capilla de las Nieves
Este pequeño templo conserva parte del patrimonio religioso del antiguo Portomarín y representa la profunda tradición espiritual ligada al Camino de Santiago.
Su sencillez contrasta con la monumentalidad de la iglesia-fortaleza, ofreciendo un espacio tranquilo para el descanso y la reflexión.
El puente sobre el río Miño
El moderno puente permite cruzar el embalse de Belesar siguiendo el trazado del Camino Francés.
Desde él pueden contemplarse unas magníficas vistas del río Miño y, cuando el nivel del agua desciende, los restos del antiguo puente medieval y de las construcciones que permanecen bajo las aguas del embalse.
El antiguo Portomarín
Uno de los mayores atractivos de la localidad es conocer la historia del pueblo desaparecido.
Cuando las condiciones del embalse lo permiten, emergen los restos del antiguo Portomarín, incluyendo parte del puente medieval, antiguas viviendas y edificios históricos, ofreciendo una imagen única que sorprende a todos los visitantes.
Qué hacer en Portomarín
Además de recorrer su casco histórico, Portomarín ofrece numerosas actividades para completar la visita.
Una de las mejores opciones es pasear junto al embalse al atardecer, cuando la luz se refleja sobre el río Miño creando uno de los paisajes más bonitos del interior de Galicia.
Los amantes de la gastronomía encontrarán excelentes restaurantes donde degustar la cocina tradicional gallega. Entre los platos más populares destacan el pulpo á feira, la empanada gallega, el lacón con grelos, la carne de ternera gallega y las famosas anguilas del Miño.
También es un lugar ideal para disfrutar del ambiente peregrino, conversar con caminantes llegados de todo el mundo y descansar antes de afrontar la siguiente etapa hacia Palas de Rei.
Un lugar imprescindible del Camino Francés
Portomarín representa a la perfección el espíritu del Camino de Santiago. Historia, patrimonio, naturaleza, hospitalidad y tradición jacobea se unen en una localidad que ha sabido conservar su esencia a pesar de haber sido trasladada por completo.
Para muchos peregrinos, la llegada a Portomarín marca el verdadero comienzo de la experiencia gallega del Camino Francés. Su espectacular iglesia-fortaleza, el entorno del río Miño y el ambiente que se respira en sus calles convierten esta villa en una de las visitas imprescindibles antes de continuar el camino hacia Santiago de Compostela.
